Cristóbal Vega Álvarez nació poeta y murió poeta. Yo, Jana la de la niebla (Ana Vega Burgos en el mundo real), su hija, siento que lo más íntimo que puedo hacer por él, para darle una alegría donde quiera que esté, es ir poniendo en este blog, poco a poco, los incontables poemas que fueron el sentido y la justificación de su vida, lo que le hizo vivir hasta los noventa y cuatro años con el alma llena de ilusiones.
Escribir era el estímulo que le impulsaba, la campana que repicaba sobre su corazón para hacerlo latir. Escribir lo salvó de la locura de más de veinte años en prisión, de la desesperanza de perder a su amada, mi madre, Antonia Burgos Béjar, "la escritora campesina" de Villafranca de Córdoba. También hablaré de ella en estas páginas e insertaré algunos escritos suyos; en fin, mi intención es que vuele en estas ondas su recuerdo hasta el fin de los tiempos, hasta que todos volvamos a encontrarnos, como ellos decían, tras la orilla infinita.

miércoles, 29 de junio de 2011


Este poema, escrito con todo el dolor del cautivo, fue uno de los que más llegó al corazón de quienes conocían su situación, porque ¿que eran ellos, los presos,sino barcos varados que contemplaban la vida aferrados a las rejas de las ventanas del Penal? 



EL BARCO VARADO

El barco, varado.
Las olas de plomo, rugientes y briosas
y el cielo, nublado.
¡El barco está anclado
en mares tortuosas!
¡Qué importa que el viento le azote con bríos
ni que hinchen sus velas los aires bravíos
que pasan, veloces, con rumbo ignorado!
La nave camina por aguas inciertas.
Navega sin ruta; sus hélices muertas
no cortan el mar... ¡El barco está anclado!
Se escucha un pregón en horas tempranas;
rumores de risas, canciones lejanas
y trinos gloriosos de un ave canora.
¿Quién canta? ¿Quién ríe? Del mar de la vida
¿qué senda perdida
otean las naves que buscan la aurora?
Los viejos marinos de tristes miradas
(que en duras jornadas
recorren los mundos que forja la Idea)
sonríen, alegres, de cara al ciclón.
¿La muerte...? ¡No importa! Por una ilusión
se da la riqueza, el bien, ¡lo que sea!
Y van arrastrando sus pálidas vidas
-monótonas, grises-por sendas perdidas
e ingratos caminos.
El mismo horizonte se traza a lo lejos:
ensueños que mueren y júbilos viejos
que trocan en mundos los bravos marinos...
..................................................................................................
¡Y el barco está anclado!
En el mar incierto
que el cierzo ha rizado
la vida dejó un barco olvidado
¡mas no un barco muerto!
Su casco en ruinas
(que el mundo contempla con penas endrinas
y extraño pavor)
tiene alma de hielo sin luz ni virtudes
y guarda ilusiones y mil inquietudes
en el interior.
Son hombres que marchan de cara a otros mundos:
espíritus fáciles y sueños profundos
con risas de niños y gestos de fieras...
No viven. No mueren. Su gran ilusión
le traza un destino incógnito. ¡Son
autómatas grises en grises hileras!
Rumores de risas y coplas lejanas;
miradas furtivas que tras las ventanas
con pícaros guiños les brindan las bellas.
Su vida es sólo eso: ¡mendigos de amores
que aquí sólo tienen trabajo y dolores
y allá en las alturas... un techo de estrellas!
Un gran cuadrilátero sombrío y rocoso
con alma de piedra y cuerpo herrumbroso
se muere de hastío del mundo apartado.
¿Qué importa que bese el sol sus cubiertas?
Sus hélices muertas
no cortan el mar. ¡El barco está anclado!


lunes, 27 de junio de 2011


LLANTO QUE NO ES LLORAR

Hay penas tan profundas
que no pueden confiarse.
Llantos que no se lloran.
Poemas de una frase.

Y miradas que se hincan
en las flechas del aire...
Hay cosas que se mueren
sin que las llore nadie.

(Voz que no encuentra su eco
es mejor que se calle).
Hay silencios que giran
en densos espirales...

Muertes mudas que pasan,
que pasan por la calle.
Sombras que no se ven
ni las presiente nadie.

Pero que hablan, que dicen:
"¡ha pasado un cadáver!".
Sueños que no se duermen.
Valores que no valen.

Y minutos que tienen
alma de eternidades...
¡Hay penas tan profundas
que no pueden confiarse!

domingo, 26 de junio de 2011


AL PASAR DE LOS DÍAS...

¿Tú has contado alguna vez
las horas que tiene un año?

¿Ese camino gigante,
de límites inexactos,
que hay quien mide con risas
y hay quien mide con llantos?

¡Qué corto algunas veces!
Y otras veces... ¡qué largo!

Yo cubrí de soledades
la incógnita de sus pasos
y llené con mis silencios
¡las horas que tiene un año!

Me fui a bordar singladuras
-sin cala para mi barco-
en las bahías remotas
de un ensueño malogrado.

¡Qué corto a veces fue el tiempo!
Y otras veces, ¡ay!... ¡qué largo!

¿Tú has contado alguna vez
las horas que tiene un año...?


viernes, 24 de junio de 2011

   Cuando empecé este blog mi intención era poner también algunas poesías de mi madre, pero hasta ahora no lo he hecho, quizá porque entre tanto libro de "mi poeta de la paz", los poemas de ella son una gota de agua en el mar. Pero hoy he encontrado unas carpetas, las he abierto, y ya no he podido dejarlas hasta acabar, con un nudo en la garganta. Y he recordado que lo pensé y no lo hice, así que ahora sí: una de sus poesías (tiernas, íntimas, sencillas como era ella), escrita para mí, cuando me fui a formar "mi propio nido".




EL VIEJO NIDO
                                                         (A mi hijita, en su ausencia)

Ya te fuiste, y se fue todo.
Y se hicieron los silencios
muy altos y muy crecidos
por dialogar con los cielos.

La casa quedó vacía
y ocupado el pensamiento;
en nuestra alma, tu imagen,
y el corazón en suspenso.

El avecilla se fue
del viejo nido al alero
forjando a golpe de ensueños
con qué hacer un nido nuevo...

¡Ay, que el viento no sea brusco!
¡Ay, que el viento le sea bueno!
Que el avecilla es muy tierna
y los caminos, inciertos...

Que ya no tiene a su lado
al halcón de vuelo recio
que amparaba con amor
sus aventuras y miedos...

Y el viejo nido quedó vacío.
Habitado por recuerdos...
Transitado de ilusiones
y de voces que se fueron...

Ahora está la pareja
atónita en su complejo:
¡con la vista en el pasado
de aquel reír decidero...!

                                                Antonia Burgos Béjar


miércoles, 22 de junio de 2011


NIÑOS DE AZABACHE

Canciones de luna y fragua.
Por el olivar cantando
van los niños de azabache
del Romancero Gitano.

¡Qué pena la pena aquella
que va prendida en los labios!
Pena de noches pajizas
y delirios fracasados...

De madrugadas remotas.
De viejos cauces callados.
¡Pena de bronce y de ensueño
de los romances gitanos!

Van los niños de azabache
por el olivar cantando.
-Ay, ¿dónde están, Federico,
las espadas de tus nardos?

¿Y aquellas niñas amargas
con mantoncitos bordados
que hacían, de corazones,
collares y anillos blancos?

¡Ay! ¿Dónde está, Federico
aquel polisón de nardos
con que la luna lunera
disfrazó su amor humano...?

¿Y tus gitanos de cobre,
tu montura y tu caballo,
y las amapolas rotas
de tus dos labios callados...?

-¡Ay...! ¿Dónde están, Federico?
Por el olivar cantando
van los niños de azabache
de tus romances gitanos...

martes, 21 de junio de 2011





Tú prestas nueva vida y esperanza
a un corazón para el amor ya muerto;
tú creces de mi vida en el desierto
como crece en el páramo una flor...
G.A.Bécquer









JUNTO A LA ESTATUA DE BÉCQUER

Ahora que el rosal ya está marchito
y ni una estrella brilla en lontananza,
a mi alma, que es un páramo infinito,
tú prestas nueva vida y esperanza.

En mis noches románticas busqué
una blanda canción de ritmo incierto
para evocar tu ausencia... y ¡sólo hallé
un corazón para el amor ya muerto!

¡Tu recuerdo es mi cruz! Si amas, si sueñas,
yo leo en ti como en un libro abierto,
pues cual la flor que crece entre las breñas
tú creces de mi vida en el desierto...

Yo te busco en mis hondas soledades;
yo te siento conmigo en mi dolor;
tú eres signo de amor y de bondades
que creces en mis locas ansiedades
como crece en el páramo una flor...



lunes, 20 de junio de 2011


PSIQUIS Y EL HOMBRE

¡Soy yo! El que nadie ha visto:
semilla de barro impuro.
¿Por fuera...? ¡Yo! (Gesto duro).
¿Por dentro...? ¡Amor de Cristo!

(Mi pensamiento bienquisto
es sombra de trazo oscuro
y astro de luz que al futuro
clama si existo o no existo).

Yo. ¡Siempre yo! ... El que todos
ven y al que todos ignoran:
ave cautiva entre lodos...

Mis labios -que nunca imploran
hablan de diversos modos
y a veces... ¡callan y lloran!


domingo, 19 de junio de 2011


SOLEDADES SONORAS

Vivo ausente. ¡Lejos de los hombres!
Mas siempre nuevas mi alma y mis ideas.
Yo vivo el día con su propio afán
y cada día en mí la vida empieza.

Vivo solo. ¿Qué importan los recuerdos
ni un futuro ni incógnitas abiertas?
Yo he construido para mí este mundo
de silencios y cosas inconcretas.

¡Siempre a solas con mi alma! Mis amigos
son las reliquias de unas voces muertas:
Cervantes, soñador; burlón Quevedo;
Bécquer, con lira de ave, y dulce Herrera...

¡Los muertos no traicionan! Son amigos
fieles en la alegría y en las penas
que siempre tienen la palabra a tiempo
para callar, cuando al hablar molestan...

Vivo ausente. ¡Lejos de los hombres!
Mas nunca solo en mi total ausencia,
porque tienen un cauce mis silencios
¡y un ideal mi soledad inmensa...!

sábado, 18 de junio de 2011

Nunca he entendido bien esta poesía, fechada en 1959. Pero me gusta mucho.


CLARO DE LUNA

(Pasó un perro de plata
por la copa del pino)

-¿Qué tienes? -susurró.
Y me miró con pena.

(La luna, en el camino,
salta de mata en mata)

-¿Qué tienes? -insistió.
-Nada. ¡Que eres tan buena...!
-¡Ay...! (se quedó pensando)
-¿Qué te pasa? -le dije-.
¿Qué tienes? ¿Qué te aflije?
-¡Nada! (Y se fue llorando)

¡Por la copa de un pino
pasó un perro de plata!
Corre de mata en mata
la luna en el camino...

jueves, 16 de junio de 2011


EL NIÑO Y EL PERRO

Lo dice el periódico.
Lo grita el tendero.
Lo afirma la "tele":
¡manjar para perros!

La prensa que expresa
tan burdos ejemplos
repite al unísono:
¡hotel para perros!

Con fatua arrogancia
grita el peluquero
su pregón estúpido:
¡salón para perros!

... ... ... ... ... 

El niño no sabe
de amor ni recelos,
ni ha oído jamás
el son del dinero.

Su anhelo jugando
los naipes del Tiempo
evoca sin lágrimas
un mundo de ensueños...

¡El niño tiene hambre
de pan y de besos!
Mas todo le advierte:
¡Manjar para perros!

El niño y el can
comparten sus juegos.
El niño no atisba
el quid del misterio.

"Si Cristo es Amor
-medita un momento-
¿por qué hambre de niños
y hotel para perros...?"

Invierten los hombres
el oro en la muerte
y para la vida
les falta el dinero...

... ... ... ... ... 

El niño no alcanza
tales desaciertos:
"¿Está loco el hombre
o está loco el cielo...?

Si "aquí" sobra el hambre
y "allí" el alimento,
¿por qué "allí" se tira
si "aquí" no tenemos?"

El niño y el can,
fieles compañeros.
El niño medita:
"¡Si yo fuera perro...!"


miércoles, 15 de junio de 2011


VIDA ESTÉRIL

¡Qué pena del silencio
y de la noche fértil en palabras,
rica en imágenes, en surcos nuevos
y aventuras pasadas!

¡Qué pena de tener un sólo lápiz
-un viejo lápiz roto-
y una noche quimérica en el alma!
¡Qué pena
vivir siempre soñando
y soñar sin palabras!

Pasar por los caminos
con el viejo zurrón de la añoranza
y no tener siquiera
-¡qué pena!- ni una noche 
para nosotros solos,
un silencio, una luz... ¡ni una palabra!

Medir el negro tránsito
del tiempo por el blanco de las canas
y sólo por el hambre o por el sueño
saber que anda el reloj, que el tiempo pasa...



martes, 14 de junio de 2011


LA TIERRA

La Tierra es algo que no tiene nombre.
Que no puede decirse con palabras.
El más excelso amor de los amores.
La levadura en que se funde el alma.

Algo que nos atrae. Que nos llama.
Que en silencio sostiene nuestros pasos
y nos crea ilusión, ensueño y... ¡casa!

¡Es lo que forma parte
de lo más íntimo de nuestra infancia!

¡La luz...! ¡El sol...! ¡La senda...!
El pedestal del árbol. Los recuerdos:
la tarde aquella en que la niña aquella
se fue ruborizada
y al alejarse pronunció un "te quiero"
con cándido temblor en sus palabras...

Es la historia sin voz.
El más completo de los libros,
cuyas pétreas páginas
encierran, sabiamente,
la más amplia expresión
de la metamorfosis planetaria.

Es la Paz... La riqueza...
La antigua copla que el labriego canta.
El pan de cada día
hecho con sedimentos de recuerdos,
de afanes y... ¡de lágrimas!

Barro que aún siendo barro
no desdora ni marcha
porque al nacer, la tierra
con amor nos acoge. Y al morir...
¡con amor nos recibe en sus entrañas!


Es la suma de todos los amores:
amor que quema en la primera novia.
Tesón de amor en el amor de esposa.
Y amor de madre... ¡que jamás engaña!

Eso, amigo, es la tierra.
Y "eso" es "algo"
¡que no puede expresarse con palabras!


  Este poema fue premiado en el Certamen Poético "Juan Figuereo" de Isla Cristina (Huelva).

lunes, 13 de junio de 2011


POESÍA ENTRE "ÉSTA" Y "LA OTRA ORILLA"
VILLAFRANCA ETERNA Y SOÑADORA
(Dedicado a Antonia Burgos, musa entrañable de mi pobre inspiración)

Aquí tienes mis versos, Antoñita:
en esa inmensa placidez bendita
donde el "estar" es Paz y amores tensos
y tu ciencia es usar tu diligencia
para aguantar con plácida impaciencia
la inefable llegada de mis versos...
C.V.A.

En cada una de estas calles
está vivo tu recuerdo...
Por cada esquina que paso
pienso que piso tus besos.

El "tic-tac" de los relojes
son voces que en el desierto
disputan porfiadamente
su carrera loca al Tiempo.

Villafranca es la metáfora
de un madrigal circunspecto
que fue sorpresa y sonrisa
para las mozas del pueblo.

Marineritos (tú y yo)
que rumbo a remotos puertos
nuestras almas naufragaron
en singladuras de ensueños.

Y es que Villafranca está hecha
para el romance secreto,
para las rimas bucólicas,
y... charlas de lavaderos...

Y hasta es fácil que ese río
que acuna y vela sus sueños
añore viejas hazañas
de héroes y aventureros...

(¡El Guadalquivir aún llora
a un gitanillo moreno
que a los "tres golpes de sangre"
se inmortalizó en los ritmos
de un poema lorqueño!)

Villafranca, con su aroma
a zarzamora y romero,
se me ha aferrado al alma
con la fuerza de lo eterno.

Y ahora va a ser ¡para siempre!
novia de ambiguos cortejos
para mis noches de insomnios,
para el fluir de mis versos...

Y hasta en esas madrugadas 
(cuando el gallo nos alerta
con su "kikirikí" terco,
y en los cielos resplandece
el oro de los luceros)
sabemos que Villafranca
se va por mares inciertos,
y hasta "ese mundo" te lleva
¡la ternura de mis versos!





domingo, 12 de junio de 2011


NOCHE DE LEVANTE
Tras la reja.

Silbando, rugiendo,
cantando
su bronca canción,
el viento  ha llegado
furioso, enfadado,
cansado...
El viento ha gritado
con voz de ciclón.

El viento ha contado
sus noches de furia,
sus iras, su fuerza,
majeza,
lujuria
y acción soberana...
¡El viento esta noche
está en mi ventana!

Se calla, se asoma,
golpea,
me llama, me grita,
me cansa, me excita
y crispa mis nervios.
El viento
parece el lamento
de niños soberbios...

Se burla, se enfada,
recela...
"¡Tu voz, centinela,
tu voz... Un momento
que el viento... 
y en ecos malditos
se pierde tu acento..."

Me mira, se encela,
desvela,
recela,
se duerme, despierta,
me cansa y me gana...

"¡Tu voz, centinela!
¡Tus voces de 'alerta',
que está en mi ventana!"
... ... ...
El viento ha pasado:
silbando, rugiendo, 
cantando
su extraño lamento
con voz de centella...

(Con luces de estrellas
peina el firmamento
sus crenchas de seda).

Que es trágica y bella
la huella
de su árido evento.
¡La huella que queda
del paso del viento!







sábado, 11 de junio de 2011


LA PUERTA

¡Veinte años...! Trágico guarismo
de hondas desesperanzas. Todos los caminos
se cerraron de pronto... ¡HACE VEINTE AÑOS!

Hace veinte años se cerró esa puerta
con un golpe fatídico
de tumbas olvidadas... (¡ay, veinte años!)

Sin vigor en el alma ni en los huesos...
Sin árboles... sin sol... Sin sueños gratos...
Sin un frágil asidero en mi naufragio...

Todo se nos quedó del otro lado:
la vida... la ilusión... ¡hace veinte años!
Cuando la Ley cerró esa vieja puerta

con un golpe remoto y olvidado...
¡Qué honda la soledad impronunciable
del que busca un camino entre los astros...!

Yo he llevado cautivo entre mis pies
el fantasma angustioso de un ensueño
desde hace, ay... ¡VEINTE AÑOS!


viernes, 10 de junio de 2011

Mi tita Herminia fue su "secretaria" mientras estuvo en el penal, se encargaba de que su correspondencia saliera sin el matasellos del lugar en el que estaba, se preocupaba de él todo ese tiempo, y cuando después se casó, de ella era el traje de novia que llevó mi madre en su boda, y a ella la buscaba yo cada vez que íbamos a  Sevilla, para contarles mis cuitas de niña pequeña; escuchaba a los niños como si fueran lo más importante del mundo, te hacía sentir comprendida, querida, interesante... Y años después, cuando me hice mujer, descubrí que mucho de lo que yo soy lo había heredado de ella. Me identificaba mucho con ella, y cuando murió -¡ay, Dios!- fue casi como perder de nuevo a una madre.
   


A MI HERMANA HERMINIA
¡Siempre a tu lado!

Lo sé. ¡No me lo digas! Ya lo sé.
Sé que tu corazón está de luto,
hermana,
y sé que son tus risas
el disfraz melancólico de tus lágrimas.

¡Sé el poema sin voz de tus silencios,
tus penas sin palabras
y esas cosas que miras fijamente
cuando mira y no mira tu mirada!

De esas noches vacías 
que tú llenas de ausencias y de lágrimas,
del mensaje que traen para ti
las auroras románticas
y del peso fatal de los recuerdos,
de ese peso fatal de las nostalgias,
yo sé...
¡también yo sé,
hermana,
una historia muy triste,
una historia muy larga!

Pero hoy que tú y yo
de la vida sabemos las desgracias;
ahora que en tu pecho
no quedan flores blancas,
ni quimeras felices,
ni ilusiones doradas;
ahora que el vacío de tu vida
está lleno de penas y de lágrimas,
quiero sembrar de versos tu camino,
y entre mis versos... ¡mi alma!

Quiero que sean para ti los ritmos
de mi lira olvidada;
¡de aquella pobre lira que por ti,
sólo por ti cantaba!
para llenar tu corazón de ensueños,
para llenar de plenitudes tu alma.

Quiero que sean para ti mis versos,
¡todos los versos de mi lira blanca!;
las noches sin caminos
de mis locas andanzas,
mis ilusiones nuevas,
mis sueños, mi esperanza,
y hasta el postrer destello que en la vida
fluya de mi mirada...
... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ...
Lo sé. ¡No me lo digas! Ya lo sé...
Sé que tu corazón está de luto,
hermana.
Pero a tu lado, ¡siempre!
en la felicidad o en la desgracia,
encontrarás mis manos en tus manos
y junto a tu alma, ¡mi alma!





jueves, 9 de junio de 2011


PLUMA Y LIRA

Acabo de romper mi pluma.
Acabo de romper mi lira.
Estoy cansado... ¡tan cansado
de estupideces y mentiras
que el mundo entero se me viene
con toda su crueldad encima!

Quiero que callen para siempre
las voces de mis viejos días.
Esas voces que nadie escucha,
porque en las conciencias vacías
sólo se repiten los ecos
de la ruindad y la perfidia.

¡Calle para siempre mi voz!
¡Que callen mi pluma y mi lira!
Esos mensajes que yo quise
saturar de emociones íntimas
y que nunca encontraron eco
entre las conciencias vacías...


miércoles, 8 de junio de 2011

PEQUEÑA BIOGRAFÍA

   No voy a esperar más. Es una entrada larga (casi cinco folios) y por eso dudaba en ponerla. Pero cuando abrí este blog lo hice para ti, papá, y creo que esta "biografía" que escribí sobre ti cuando te hicieron aquí, en Villafranca, ese Homenaje que, como todos, llegó tarde, aunque no dice ni una décima parte de tu vida, sí fue lo que yo imaginaba que interesaría a mis paisanos, a la gente de Villafranca que no te vio nacer pero supieron de tu romántica historia con mamá, Antonia Burgos, "la campesina escritora" del pueblo, y que sí te vieron en tus últimos años, primero triste pero derecho, erguido, a pesar de tus años, y después, poco a poco doblándote, como un roble abatido por el temporal, mirando al suelo porque ya no te fiabas de dónde ponías los pies, despacito, cada vez más despacito, sin aceptar el uso del bastón que yo te suplicaba, hasta que ya tuviste que acatarlo, y venías apoyado en aquel bastoncito que ahora tengo aquí, a la entrada, junto al paraguas de mamá, como recordándonos que ésta será siempre vuestra casa.
   No me extiendo más, papá. Ahí va lo que escribí sobre ti y que leyó Anais para todos nuestros paisanos; tu hija, tu nieta y los amigos de La Ventana Cultural que te ofrecieron el Homenaje. Espero que, desde la otra orilla, lo vierais juntos, con las manos cogidas, como siempre.

     En Villafranca, a 18 de abril de 2009


   
   Hablar de Cristóbal Vega no es muy difícil. Todos lo conocían en el pueblo. En los últimos tiempos, tan vencido, con la cabeza inclinada y las piernas torpes, con el bastón al que odiaba y del que procuraba olvidarse en todos los sitios adonde iba, porque no quería admitir -no lo creía- que le fuera necesario.
   Los que lo conocían "de siempre" le llamaban Vega. Hasta su madre y sus hermanos, hasta su mujer, su adorada Antoñita ("la de las fotos") -(porque había sido la fotógrafa de Villafranca durante la década de los cincuenta y principios de los sesenta)-  le decían cariñosamente "Veguita". Y los que vivisteis su romance con Antoñita, cortado por la muerte pero nunca acabado, sí debéis recordar al Vega que era, que fue, y que en su mente nunca dejó de ser.
   Vega está intrínsecamente ligado a Villafranca por amor, que era el sentimiento que gobernó su vida desde niño. Había nacido en El Cuervo, entre Sevilla y Jerez, en la estación de ferrocarril donde vivió su infancia.
   Nació en 1914, en el año en que estalló la Primera Guerra Mundial. A él le gustaba decir:

Nací en un día cualquiera
de un año belicoso.
Fue mi amor a lo hermoso
mi vocación primera...


   Y siempre fue así, siempre su vida fue guiada por su amor a lo hermoso, a la paz, a la armonía, a la hermandad entre los hombres.
   Con nueve años empezó a trabajar ayudando al telegrafista de la estación hasta que aprendió el alfabeto Morse. Su ilusión era enrolarse como telegrafista en la Marina para viajar, conocer gentes y lugares distintos, sin meta, como el bohemio que siempre fue.
   Pero no era ése su destino.
   A la vez que aprendía, se ganaba un extra rellenando las hojas de llegadas y salidas de los paquetes postales; cultivó una caligrafía preciosa, cuidadísima, y tan excepcional que todos le pedían que fuera él el que escribiera lo que hiciera falta en la estación. Él me contaba, muy orgulloso, que esos ahorrillos los metía en una caja de lata, y los tenía escondidos en un depósito de agua, atada la caja a un corcho y sobre él un barquito de papel (los hacía preciosos), hasta que reunió lo suficiente para hacerle un regalo a su madre.
   Y ya siguió escribiendo. Escribía poemas, claro, porque era poeta desde que nació, pero también escribía contra todo lo que le parecía injusto. Su forma de luchar era con aquellos artículos que desde los dieciséis años empezó a publicar en un periódico de Jerez. Enseguida se abrió paso en la Redacción de aquél periódico, que se llamaba Ráfagas. Y como no le gustaban los políticos, ni la manera en que se llevaban las cosas, no tardó en señalarse. Casi todas las semanas lo llevaban ante el juez por meterse con el alcalde, el gobernador o cualquiera que hiciera algo que a él le pareciese un abuso. Y lo metían un par de días en la cárcel, en la que había sólo dos o tres celdas.
   Enseguida se hizo amigo del carcelero, y como era tan bromista, y a cada momento estaba encerrado, se llevó una máquina de escribir y unos cuantos libros a la celda, y le decía, al salir: "no vayáis a tirar esto, que la semana que viene me tenéis aquí otra vez". Y así era, en efecto, pero él se reía de todo y seguía con su lucha.
   Así vivió hasta que estalló la guerra. Para entonces tenía solamente veintidós años. No había hecho la mili -no la hizo nunca-, así que lo declararon prófugo. Él no creía en el ejército, ni en nada que fomentara la violencia. Decía siempre que el mundo podía arreglarse "con palabras". Creía que el Hombre era bueno por naturaleza, y que si se conseguía llegar al corazón de cada ser humano no habría guerras, ni abusos, ni miserias en el mundo. No luchó en la guerra, pero fue constantemente perseguido por sus ideales anarquistas.
   Para Vega, la anarquía era el sistema ideal,en el que no existiría el dinero, y estaba convencido de que si

el dinero no existiera ya no podría haber  robos ni abusos de poder. Cada hombre y cada mujer harían su trabajo y todos podrían obtener, a cambio, lo que necesitasen: el panadero daba su pan, el zapatero arreglaba los zapatos, el médico curaba... y cada uno ponía de buena voluntad lo que mejor supiera hacer. Como creía en la innata bondad del Hombre, le parecía muy sencillo arreglar el mundo de esa manera.
   Durante algún tiempo, incluso, él mismo vivió así: iba en bicicleta por los cortijos dando clase a los hijos de los trabajadores, a cambio del desayuno en un sitio, la comida en otro, el lavado y planchado de ropa en un tercero... y, claro, por su forma de ser y de actuar todos le querían, y cuando tuvo que esconderse durante la guerra hubo cien manos tendidas para ayudarle.
   En la Segunda Guerra Mundial se fue a Francia. a los "maquis". Y fue entonces cuando le detuvieron definitivamente, una de las veces que cruzó la frontera con el fin de animar a los compañeros españoles a que se unieran a los "maquis" en su lucha contra Hitler. Lo llevaron a la cárcel de Ávila y ya no salió de la prisión hasta la Navidad del año sesenta y tres.
   Pero en la cárcel tampoco se quedó cruzado de brazos. A pesar de que lo condenaron a un montón de años -sumando unos poquitos de aquí, otros de allí y otros de allá- incluso dentro de la prisión se las arregló para escribir otro periódico, con algunos amigos también intelectuales, y lo sacaban de allí metiendo las hojas manuscritas en los palos huecos de unas escobas que fabricaban en la cárcel. Pero los pillaron, y eso sumó una condena de ocho años más a las muchas que ya tenía.
   No es que le diera igual: él sufría, y volcaba su dolor y sus decepciones en sus poemas; también estos poemas salían ocultos de "allí", y de mil maneras traspasaban las fronteras y se publicaban en Francia y en América del Sur. Estos poemas generaron un movimiento a favor de Vega en el que intelectuales de izquierdas del mundo entero encabezaron una campaña a favor de su libertad. Albert Camus (Premio Nobel en1957) fue uno de los que más luchó a su favor, pero también esa lucha fue contraproducente porque más ahínco pusieron las autoridades de la época en mantenerlo encerrado.

   Estando en la cárcel, Vega empezó a escribir novelas del Oeste, del FBI y de Rurales de Texas. Con lo que ganaba con ellas pagaba al abogado, pero cada vez le denegaban el indulto. Eran decepciones terribles que le hundían en una melancolía tremenda.
   Pero se sobreponía vez tras vez, y volvía a la carga.
   Pronto lo trasladaron al penal del Puerto de Santa María.
   Allí estaba cerca de su familia, que vivían en Jerez, Sevilla y Utrera. Cuando llegó al penal observó que los presos no hacían nada, no tenían otra distracción que jugar a las cartas y poco más. Se le ocurrió proponer la organización de unos talleres en los que se pudieran manufacturar objetos para vender: maletas, alfombras de palma, etc. Lo habló con el director de la prisión, y aunque éste no creía que aquello fuera a funcionar, pues no era fácil motivar a los presos, le dio carta blanca, si quería, para intentarlo por su cuenta. Y Vega no se amilanó: antes que nada organizó varias charlas en las que explicó todo lo que se podría hacer: el trabajo redimía las penas, legalmente, así que por cada día de trabajo se acortaba la condena. Además, cada sábado por la mañana los hombres cobrarían lo que correspondiera a cada uno. Él se comprometió personalmente a encargarse de llevar escrupulosamente cada cuenta para que no hubiera atrasos ni decepciones. Y luego, haría lo posible para que aquel trabajo pudiera contabilizar como días cotizados para la Seguridad Social. Fue un esfuerzo hercúleo. 
   Pero el día que se abrieron las inscripciones ¡había más de mil solicitudes! Y los talleres funcionaron a las mil maravillas. De hecho, en los años ochenta, ya después de más de quince años de haber salido en libertad, hubo unas charlas penitenciarias y Vega fue invitado a exponer allí toda la organización de los talleres, y el empuje tan novedoso que fue aquello para los presos.
   En el año cincuenta y cuatro, en uno de los muchos periódicos que sus hermanas le llevaban para distraerlo, leyó un artículo que sería el motor del resto de su vida. Estaba firmado por Luís Cabanillas, y hablaba sobre "la Campesina Escritora de Villafranca".
   Era Antonia Burgos, Antoñita siempre para él. Contaba cómo aquella muchacha había aprendido a leer sola, en los tebeos; cómo, a los veinte años, había empezado a escribir novelas, animada en todo momento por su madre, Frasquita, "la zapatera", una lectora infatigable. Hablaba de lo bien que se expresaba y lo amena que era la lectura de sus obras, pese a no tener ni idea de gramática ni de ortografía. Y Vega, tan quijotesco siempre, se apresuró a averiguar sus señas y enseguida le escribió, ofreciéndose a darle clases "por correspondencia" de sintaxis y de todo cuanto necesitara.
   Poco a poco fueron abriéndose sus corazones, y antes de dos años ya aceptaron "tener relaciones". Un noviazgo totalmente atípico, sin una mirada ni una caricia física, todo directo de alma a alma. Seguramente por eso se compenetraron tanto. Él tenía sobre sus hombros una condena de varios años; ella siempre se había negado al matrimonio porque su ilusión era escribir y escribir. No se engañaron en sus cartas; además, los dos eran íntegros, enemigos de la mentira y los subterfugios. Su amor fue creciendo como una planta al aire y al sol, sin trabas.
   Mientras tanto, Vega cayó enfermo con una pleuritis. Lo tuvieron largo tiempo en la enfermería del penal, incluso cuando ya él insistía en que estaba bien y se aburría sin su trabajo. Para distraerse, se dedicó a ordenar los medicamentos, los botiquines, las hojas de ingreso, todo lo que ponían a su alcance. Y cuando el médico titular vio aquello, le pidió que continuara allí, ayudándole. Estudió a su lado hasta hacerse practicante, aunque no consiguió el título para ejercer fuera del penal porque para dárselo le exigían que fuera hasta Madrid a examinarse, y tendría que hacer todo el trayecto esposado. Y no quiso. Pero, ya que los talleres marchaban estupendamente, Vega continuó trabajando en la Enfermería hasta el último día que permaneció en prisión.
   Lo que son los pueblos: como en las fotos que él mandaba a Antoñita siempre aparecía sentado, alguna amiga de ella dio en decir que debía ser porque estaba cojo o impedido. Claro que a Antoñita eso, ya puestos, le daba igual, pero es un hecho a constatar, y ella lo contaba después, muerta de risa.
  (Perdón: esto fue un tirito que no pude reprimir a la maledicencia de los pueblos y a lo fácil que es calumniar, en lo que sea, basándose en algo tan inocente como una foto)
   Y así fueron pasando los años hasta diciembre de 1963. Fue el día de la lotería de Navidad: ella estaba barriendo la puerta cuando llegó el telegrama. Sólo decía: "Estoy en casa. Abrazos. Vega". Y ella contaba que sólo pudo repetir, una y otra vez: "Bendito sea el Señor, bendito sea el Señor..."


  El diecisiete de enero Vega vino a conocer a Antoñita. Toda Villafranca estaba en efervescencia: era un noviazgo tan romántico e intrigante como una novela por entregas. Ya se querían, pero al verse se enamoraron completamente y para siempre. Se casaron el veintinueve de abril, en la ermita de la Virgen de los Remedios, la Virgencita a la que tanto había rogado ella por la libertad de él. Fue un miércoles, y el camino de la ermita estaba de bote en bote. No hubo banquete de bodas (los novios eran muy pobres) pero los villafranqueños, con su generosidad, los inundaron de sobrecitos con la "enhorabuena". Y el viaje de novios fue, según contaban los dos, la coronación de una cúspide, la culminación de su Amor, con mayúsculas.
   Antoñita era "la de las fotos", la fotógrafa del pueblo desde que estudiara fotografía por correspondencia, precisamente por consejo de Vega. Con lo que podía ganar con eso, las novelas que él escribía religiosamente cada mes y la ayuda de Antonio (el Cabo Paliza) y de Frasquita, los padres de ella, salían adelante. Pasaban apuros, pero no les importaba carecer de mil cosas: ellos eran felices con sus paseos por la carretera de Adamuz y sus excursiones al Calvario y a la hacita; su mayor ilusión, desde que se casaron, era tener una hijita, y Dios les concedió esa gracia, les dio la niña que tanto deseaban.
   Intentaron muchas cosas para ganarse la vida un poco más holgadamente. Vega habló con una gestoría de Córdoba para encargarse de las licencias de armas, del papeleo para los que emigraban al extranjero en busca de trabajo... Iba andando a El Carpio, Alcolea y Pedro Abad para gestionar todo lo que le pidieran, hasta que consiguió una destartalada bicicleta. 
   Contaba Vega que el cabo de la Guardia Civil le decía: "Vega, va usted a mandarme medio pueblo fuera de España... y al que no lo manda fuera, me lo arma con una escopeta".
   Pero ni por esas.
   Con una hija, y con cincuenta y dos años, era acuciante la necesidad de forjarse un futuro, una seguridad económica. Ya no podía ser el "contigo pan y cebolla". Y Vega tuvo que irse lejos, a Calella, y dejar a sus seres más queridos en Villafranca.
   Hasta que le surgió la oportunidad: convocaron oposiciones para las fábricas de Cementos del Sur (después Asland y ahora, Lafarge) y se presentó a ellas. Sacó uno de los primeros números, y así se fueron a vivir a Niebla. Ya Antonio -el Cabo Paliza- había muerto, y Frasquita no sabía vivir sin él. También ellos se querían por encima de todo. Dejaron la casita de Villafranca, tan querida, el pueblo, el río Guadalquivir, la haza... y a fabricarse una vida en otro lugar, con otra gente.
   
   En Niebla estuvieron doce años. También allí hicieron amigos, en todas partes Vega y Antoñita se hacían querer por su bondad y su, digamos, inocencia, por buscar lo bueno de cada persona, el fondo, nunca la forma ni mucho menos la condición social. Se abrieron camino, y viviendo con lo justo ahorraron para comprarse el pisito de Córdoba para el día -cercano- de la jubilación.
   Fueron jóvenes siempre: jóvenes de corazón. Vega dejó por fin las novelas y pudo dedicarse a la poesía, que era lo suyo. Antoñita se sintió la mujer más feliz del mundo cuando su novela "Loto y yo" fue publicada y además reeditada. Años después publicó, en la colección Arcadia de Ediciones Ceres tres novelas más: "Ébano y Gasa", "Como la misma Tierra" y "Mi Taxista Particular". Era una mujer que, aunque con ideas firmes y fuertes convicciones, sabía abrir su mente y ser tolerante, y por tanto evolucionó con los tiempos sin dificultad, siempre poniendo ante todo la integridad y una ética no aprendida de memoria, sino razonada de principio a fin. Era una villafranqueña de la que todo el pueblo puede sentirse verdaderamente orgulloso. Ganó un certamen de poesía en la década de los ochenta, publicó las novela ya mencionadas y siempre pasó por la vida con una idea muy clara y muy firme: cumplir con su deber, antes que nada, y consolar a todo el que necesitara consuelo, a poder ser, mejor con hechos que con palabras. Tenía una desarrollada conciencia social y pese a su siempre por ella lamentada falta de instrucción, consiguió a fuerza de leer y de esforzarse en todo una cultura que hoy no la consiguen ni siquiera nuestros universitarios.
   Los dos fueron autodidactas, pero en sus mentes no hubo lugar para la malicia, por mucho que aprendieran.
   Cuando Vega se jubiló, ya se quedaron a vivir en Córdoba. Aquellos años fueron como una nueva vida, estaban juntos, charlaban durante horas, escribían los dos, publicaban (fue la época de las novelas de Arcadia), hubo premios de poesía y narrativa, viajes, charlas, el homenaje a Sánchez Rosa en Grazalema, del que se encargaron casi totalmente, incluyendo buscar al escultor que hizo el busto, y luego llevarlo ¡en tren!, salvando mil y una peripecias...
   Y después... la tristeza, el fin que siempre llega, la enfermedad de ella, la separación inevitable. Vega se refugió en sus escritos para seguir viviendo, pero ya aquello no era vivir. Siempre la tenía en el pensamiento, nunca, ni en sus últimos días, dejó de "hablar" con ella. Él decía que ella le contestaba. Nunca lo sabremos, pero si el Amor es más fuerte que la Muerte, no hay por qué dudarlo.


   Obtuvo más premios en distintos certámenes. Publicó muchos libros de poemas después de la muerte de Antoñita. Pero... ¡qué le importaban! Ella no estaba para compartir su gloria. "Te fuiste, y se fue todo...", decía él.
   El Vega que vivió en Villafranca los últimos años no era ni una sombra de sí mismo. En los últimos meses, ya ni siquiera él se reconocía. Sólo anhelaba reunirse con ella, su eterna musa.
   No hay que llorarle. Por fin, a los noventa y cuatro años, consiguió su sueño:

¡Ay, quién pudiera (con mi voz proscrita)
portar mi corazón enamorado
hasta la blanca estrella donde habita...!