AL CUMPLIR SU 105 ANIVERSARIO
(A mi madre)
Ya no está. Nada importa que aún palpiten
los rugosos sarmientos de sus huesos...
¡Pero ya no es ella! No vive "aquí".
En la honda oscuridad de sus silencios
solamente se mueve, si la mueven
como al azar se mueve un mueble viejo...
¡Yo añoro el tintineo de sus risas
y el cálido alboroto de sus besos,
y aquel bregar inquieto de unas manos
que guardan el mejor de mis recuerdos!
¡Aquel remoto "ayer" de su alma joven...!
Los días de penurias y de esfuerzos
cuando todo faltaba y estaba en ella
-¡siempre en ella!- el penúltimo secreto.
Añoro su honda fe. La clara luz
con que quiso alumbrar nuestros senderos,
y esa bondad que clama sin palabras,
que ni vimos "ayer" ¡ni ahora vemos!
Esas manos, hoy viejas, temblorosas,
ya vencidas, sin fuerzas ni asideros,
que un día me acunaron siendo niño
y me dieron su amor estando preso...
y que ya -¡pobres manos!- son dos índices
perdidos en las páginas del Tiempo.
¡No! ¡No es ella...! Ni está viva ni está muerta.
Es el dudoso epílogo de un cuerpo
que busca, a tientas, el postrer rincón
donde poder dormir su último sueño...




